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Objetivo de desarrollo sostenible Nº6: Agua Limpia y Saneamiento.

Agua-Limpia-y-Saneamiento.

En este breve análisis que llevamos acabo acerca de los ODS, en post precedentes hemos hablado acerca de la importancia de un buen sistema de salud para el bienestar de las personas. Sin duda para contribuir de forma manifiesta a esto, hoy llegamos a otro de los pilares sobre los que se apoya firmemente la salud de cualquier comunidad. El agua Limpia y un buen saneamiento.

El acceso al agua potable y saneamiento supone para muchas personas y comunidades un drama que se está viendo agravado además por el cambio climático. Mas del 40% de la población mundial tiene serias dificultades para acceder a agua potable de calidad. Es muy posible que para 2050 1 de cada 4 personas sufra esta calamidad.

La falta de inversión en infraestructuras de saneamiento agrava un problema que en muchos lugares se convierte en una forma de marginalidad pero también en un vehículo de trasmisión de enfermedades. Es mas que necesario en muchos países democratizar el acceso al agua potable y a servicios de saneamiento de calidad. Este es un requisito fundamental para garantizar la salud y el bienestar de las personas. Sin embargo, esta es una cuestión que implica el compromiso de actuación sobre otras materias directamente conectadas a este problema.

Por encima de otras consideraciones que abordaremos a continuación, el primer escollo está, como en tantas otras ocasiones, en la gobernanza y su compromiso por abordar las verdaderas necesidades de las personas más allá de intereses partidistas y de poder. 

En muchos países en desarrollo este es mas de la mitad del problema, agravado por la falta de interés y de apoyo de los países desarrollados(La falaz Cooperación internacional). El repugnante criterio político del coste-beneficio. Unido a esto, en el mismo plano político nacional e internacional está la cuestión de la conservación y restauración de los ecosistemas involucrados con la gestión de este recurso como son los bosques, montañas, humedales y ríos, que la imparable voracidad de la economía de mercado y sus consecuencias están deteriorando irremediablemente.

Según la FAO las explotaciones agrarias y ganaderas llegan a consumir entre el 70 y más del 90% de las extracciones de agua en los países en desarrollo, productos que además posteriormente están destinados a la exportación al primer mundo. Lo que alcanza a vislumbrar la dimensión del problema para la población en estos países. La falta de sistemas eficaces en la gestión de este recurso unido a la falta de inversión y compromiso político ya mencionados condena a gran parte de estos países y a su población a sufrir las consecuencias.

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La escasez de agua, los problemas de calidad del agua y el saneamiento inadecuado afectan a la seguridad alimentaria, la nutrición y las oportunidades educativas y económicas para las familias pobres de todo el mundo.”

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (FAO)

Una vez más estamos ante un problema donde las clases y los países más pobres son las protagonistas del mismo. Desde la perspectiva de las personas que vivimos en el primer mundo con sus comodidades, vemos y gestionamos el agua como lo hacemos con tantas otras cosas. El derroche es nuestro sino.

Según la organización mundial de la salud, una persona debe consumir unos 100 litros de agua al día para satisfacer sus necesidades en lo que a consumo e higiene se refiere. En España consumimos unos 140 litros por persona al día. Y esto sin hablar de la Huella hídrica, es decir sin contabilizar los consumos que supone el agua dulce total que se utiliza para producir los bienes y servicios consumidos y que se manifiestan especialmente en nuestros hábitos alimenticios. 

China, India y Estados Unidos lideran a nivel mundial esta estadística pues acaparan casi el 40% del consumo de agua(Huella hídrica). “Por su parte, España, a pesar de ser el país más árido de la Unión Europea, ocupa el segundo puesto -por detrás de Portugal- con mayor huella hídrica de Europa con 2.461 m3 por habitante al año, el equivalente a gastar 6.700 litros por persona y día.”(Fuente: Fundación aquae)

En el polo contrario, se estima que 1100 millones de personas sobreviven con 5 litros de agua al día por persona de dudosa calidad. Muy lejos de los 100 litros que recomienda la OMS. Y lejísimos de los consumos de nuestras cómodas vidas.(Europa: 200 a 300 litros diarios. Estados Unidos casi 600 litros).

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La insostenibilidad que manifiestan estos datos es apabullante. Es absolutamente inasumible que haya millones de personas aún en el siglo XXI sin el acceso al agua potable y saneamiento. Lo que en algunos países en vías de desarrollo causa miles de muertos, especialmente entre los niños. Y que la causa además, sea tan burda y tán asquerosa como que simplemente miramos para otro lado ante el problema, tanto desde nuestra posición como ciudadanos, como desde el punto de vista político tratando de proteger egoístamente nuestro estilo de vida despilfarrador, insostenible. 

La crisis mundial del agua nace de la desigualdad, la pobreza y el poder, y no de la disponibilidad física

Naciones Unidas.

Inversión y protección del medio son los dos mecanismos, los dos instrumentos básicos para lograr que en todas las zonas en donde exista este déficit podamos garantizar el acceso al agua potable y saneamiento(ODS 6) de manera segura y asequible para cada persona. 

La presión a la que estamos sometiendo a los ecosistemas, especialmente a los dependientes del sostenimiento de los recursos hídricos(Ríos, lagos, humedales, los acuíferos) y su errónea gestión, siendo explotados hasta la desecación, o contaminados, haciendo imposible su uso, empeora un problema ya de por si agravado debido al cambio climático(Desecación de humedales, contaminación de ríos…inundaciones catastróficas). Hemos de comprometernos ya en la protección y gestión de estos ecosistemas(del planeta) si queremos evitar que en los próximos años la mitad de la población mundial sufra esta falta de agua potable.

Por otro lado está el problema político y de gobernanza. La inversión en infraestructuras de saneamiento adecuadas es y debe ser una prioridad en todos los países, especialmente en los países que sufren este problema donde la pobreza suele además ser acusada. Garantizar el desarrollo personal, educativo y laboral además de asegurar la salud depende en gran medida de esta inversión en infraestructuras especialmente referidas al agua y al saneamiento. Garantizar el acceso al agua y saneamiento es garantizar una vida saludable y para ello la gobernanza debe poner este objetivo como prioritario.

Es absolutamente necesario trabajar en el aseguramiento del uso del agua de forma lo más eficiente y provechosa posible y que respete los mecanismos medioambientales. Dotar de infraestructuras de agua potable y saneamiento a los ciudadanos, además de optimizar el uso de este recurso en la agricultura y ganadería y aplicar tecnologías de agua limpia que protejan el medio ambiente.